RQUITECTURA
CIVIL: MOLINOS

Nuestro municipio es recorrido por una serie
de arroyos que partiendo en su mayoría del interior
lo atraviesan hasta su abrazo con el mar. Su recorrido, aún
siendo escaso, ha servido para el desarrollo de las sociedades
que aquí se han instalado a lo largo de los siglos
y, por ello, han sido utilizados para el desarrollo económico
y el sustento de no pocas familias.
Podemos citar 8 arroyos
diferentes cuyos nombres y nacimientos son los que siguen:
Arroyo de Cuartas que tiene su nacimiento
en Maoño (finca de Jado) y que atravesando Mompía
llega a Sta. Cruz de Bezana. Arroyo de Retortío,
nace en un lugar limítrofe entre los pueblos de
Maoño
y Azoños y discurre lentamente después por
la capital del municipio muy próximo a la Avenida
de Sta. Cruz donde sus aguas se unen a las de los arroyos
de Cuartas y Reculín éste último tiene
su nacimiento en Mompía y tras discurrir por Bezana,
sale a Prezanes y Soto de la Marina. Otro arroyo es el
conocido como riachuelo de Palancate que tiene sus orígenes
en el Monte del Cuco en la localidad de Mortera (Pielagos)
y que discurre por la mies de Mompía y sale finalmente
a Prezanes donde muere, concretamente en el lugar conocido
como la Sotambra.
Pero en todos los anteriores destaca sobremanera
el arroyo de Otero que naciendo en el Barrio de Bojar (Sta.
Cruz
de Bezana) discurre por Sancibrián y Soto de la
Marina hasta llegar a la Canal lugar donde sus aguas después
de su corto recorrido rinden tributo al mar. Sobre este
arroyo es donde localizamos los molinos que aún
resisten el paso del tiempo y que por su importancia en épocas
anteriores merecen recordarse en su contexto histórico
y económico.
Es necesario señalar que los molinos que quedan
aún
en pie representan una parte de los que en su día
hubo ya que tenemos constancia de la presencia de diversos
molinos repartidos por el municipio con mayor presencia
en las localidades de Azoños, Sta. Cruz de Bezana,
Sancibrián
y Soto de la Marina.
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Molino
de Ronzón
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De todos ellos el más antiguo
como así lo atestiguan
los documentos, es el de Ronzón (Sancibrián)
y del que aún quedan restos de su estructura así como
de la presa de sillar. Tenemos constancia de que en 1496
ya existía este molino siendo Pedro Sánchez
de Castilla, oriundo de Trasmiera, quien se hace con su
posesión
ya que con anterioridad éste era cargo del cenobio
de Corbán que controlaba su uso. Este molino era
de los llamados "maquileros" ya que el pago por
la molienda se hacía en especie y, así, el
molinero pedía tantos celemines o maquileros, por
lo que se quedaba con una parte de la molienda. Este molino
ha sido útil
hasta el siglo XX ya que tenemos constancia de que dejó de
moler en 1920 por lo que ha estado trabajando en torno
a 500 años.
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Molino
de San Juan de la Canal.
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En el mismo pueblo de Sancibrián encontramos los
restos del de Izmas, molino del cual sabemos su existencia
allá por
1504 cuando Dña. Catalina González de Ceballos
lo dona al convento de Monte Corbán lo que nos da
idea de que ya tenía que existir anteriormente.
Continuando el discurrir de nuestro arroyo Otero llegamos
a su desembocadura en San Juan de la Canal donde encontramos
los restos de otro interesante molino (s.XV) que conserva
su estructura principal así como la presa de sillar
y su canal de servicio. Tenemos también constancia
de la existencia de otro un poco más abajo y que funcionaba
con el flujo y reflujo de las mareas, pero desgraciadamente
no nos ha llegado a nuestros días.
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Restos
del molino de Izmas entre la frondosa vegetación.
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El molino de San
Juan constaba de dos pisos, siendo el inferior el que alojaba
las dos piedras, aunque
hoy en
día
podemos apreciar una rueda de hierro con los alabes perfectamente
conservados, mientras que la otra se encuentra dentro de
una estructura de ladrillo y cemento. El
piso superior en
su tiempo albergó las muelas y el resto de la maquinaria
y a él se accedía por una escalera que aún
hoy podemos contemplar. Es de destacar el entorno privilegiado
en el que se sitúa ya que está enfrente de
la ermita de San Juan de la Canal ya en las postrimerías
de la ría y protegido por la roca del acantilado que
se extiende hasta la playa.
Por último, señalar en la localidad
de Azoños
la existencia de un molino dedicado a la molienda del pimentón
que se alimentaba del agua de tres pequeños arroyos
que convergían al poco de nacer. Conservado totalmente
a excepción de su maquinaria destaca su canal de
alimentación
o calcera y la propia casa. Ambos están magníficamente
conservados gracias al empeño que le ponen sus propietarios.
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Detalle
de la calcera del molino de pimentón de Azoños.
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